Noche sin estrellas, no viertas lágrimas por mí.
No hay agonía tan grande como recoger los despojos que el amor dejó
menuda desdicha me diste ¿te parece poco?
siento una congoja horrible, una angustia tremenda
me abraza una fuerte melancolía, no soy feliz.
Quemo en mi mente la posibilidad de una sonrisa,
me aprisiona el dolor, la tristeza implacable
sumido en la infelicidad, largos días funestos
muerte date prisa, abismo recibe mi amargo corazón.
lunes, 30 de diciembre de 2013
domingo, 29 de diciembre de 2013
Réquiem
Dudo de esta tarde sin ti.
Del negro cielo cae la infame melodía de tu ausencia,
el fervor del veneno que hace arder mis alas,
la amargura sólida del café sin sabor.
Las notas, lluvia negra, lágrimas de fuego;
esta tarde no estás, esta tarde malsana,
las cuencas de mis ojos ya no quieren la vista,
renuncia al color mi memoria vacilante,
¿dónde está la misericordia de mi enemigo?
Florece el infierno y prospera el demonio
porque no estoy contigo en esta tarde
y mi cerebro inmisericorde arde. Ven.
Del negro cielo cae la infame melodía de tu ausencia,
el fervor del veneno que hace arder mis alas,
la amargura sólida del café sin sabor.
Las notas, lluvia negra, lágrimas de fuego;
esta tarde no estás, esta tarde malsana,
las cuencas de mis ojos ya no quieren la vista,
renuncia al color mi memoria vacilante,
¿dónde está la misericordia de mi enemigo?
Florece el infierno y prospera el demonio
porque no estoy contigo en esta tarde
y mi cerebro inmisericorde arde. Ven.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Aquella urdimbre dorada
Aquella urdimbre dorada,
áureos hilos que descienden,
luz, estrellas que se encienden:
tus cabellos, tu mirada.
Aquellas noches oscuras
negras y en medio, la luna.
Noches, cielos configuras
en tu rostro: mi fortuna.
Aquella flor encantada
cuyo centro era de estrellas
aquella constelación bella:
tu sonrisa desplegada.
Aquella esbeltez hermosa
que en tu talle resplandece
deleita a mi vista ansiosa
cuando súbita aparece.
La belleza que acumulan
noches, hilos, flores, talles
se disuelve en los detalles
de estos versos que te suman.
Resumiendo cualidades
canto, gozo y me enamoro
y te expongo con decoro
las que tengo por verdades.
áureos hilos que descienden,
luz, estrellas que se encienden:
tus cabellos, tu mirada.
Aquellas noches oscuras
negras y en medio, la luna.
Noches, cielos configuras
en tu rostro: mi fortuna.
Aquella flor encantada
cuyo centro era de estrellas
aquella constelación bella:
tu sonrisa desplegada.
Aquella esbeltez hermosa
que en tu talle resplandece
deleita a mi vista ansiosa
cuando súbita aparece.
La belleza que acumulan
noches, hilos, flores, talles
se disuelve en los detalles
de estos versos que te suman.
Resumiendo cualidades
canto, gozo y me enamoro
y te expongo con decoro
las que tengo por verdades.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Ceguera
Se apaga,
el temblor tenue de la tarde de tu nombre,
se hunde, deshace el camino
en la oscuridad donde me deslizaba a tu lado,
era tu sombra la que me amaba,
tu sombra, que al rayo oblicuo de mi voz
atendía con cariño cuando no se disipaba.
Toma forma el canto,
la débil melodía de mis nubes
el viento oscuro de mis labios
que en la lóbrega tarde de mis muertes
y sobre el susurro arbóreo y feliz
condujo temeroso mi corazón fatal.
El látigo del olvido
presume su victoria en mi nueva casa,
el infierno inmóvil y grácil
se instala diáfano en la vida,
ya he perdido toda vista,
no he comido desde ayer,
la noche se acerca
¿qué hacer con tanta ceguera?
se apaga, en fin, y se enciende tu ausencia.
el temblor tenue de la tarde de tu nombre,
se hunde, deshace el camino
en la oscuridad donde me deslizaba a tu lado,
era tu sombra la que me amaba,
tu sombra, que al rayo oblicuo de mi voz
atendía con cariño cuando no se disipaba.
Toma forma el canto,
la débil melodía de mis nubes
el viento oscuro de mis labios
que en la lóbrega tarde de mis muertes
y sobre el susurro arbóreo y feliz
condujo temeroso mi corazón fatal.
El látigo del olvido
presume su victoria en mi nueva casa,
el infierno inmóvil y grácil
se instala diáfano en la vida,
ya he perdido toda vista,
no he comido desde ayer,
la noche se acerca
¿qué hacer con tanta ceguera?
se apaga, en fin, y se enciende tu ausencia.
jueves, 1 de agosto de 2013
Como la letra aleph
Sobre él estaba extendido un mosquitero de fina gasa, también roja, y en el lecho había una joven de maravillosa hermosura, con ojos babilónicos, un talle esbelto como la letra aleph, y un rostro tan bello que podía envidiarlo el sol luminoso. Era una estrella brillante, una noble hermosura de Arabia como dijo el poeta:
¡El que mida tu talle ¡oh joven! y lo compare por su esbeltez con la delicadeza de una rama flexible, juzga con error a pesar de su talento! ¡Porque tu talle no tiene igual, ni tu cuerpo un hermano!
¡Porque la rama solo es linda en el árbol y estando desnuda! ¡Mientras que tú eres hermosa de todos modos, y las ropas que te cubren son únicamente una delicia más!
[Las mil y una noches]
¡El que mida tu talle ¡oh joven! y lo compare por su esbeltez con la delicadeza de una rama flexible, juzga con error a pesar de su talento! ¡Porque tu talle no tiene igual, ni tu cuerpo un hermano!
¡Porque la rama solo es linda en el árbol y estando desnuda! ¡Mientras que tú eres hermosa de todos modos, y las ropas que te cubren son únicamente una delicia más!
[Las mil y una noches]
viernes, 28 de junio de 2013
Unas caricias
I
Unas caricias
me otorgan tus risas,
o tu mirada.
II
La noche fría
en oleajes descompuesta
es tu cabello.
III
Sabré quizás
que el tiempo se detuvo
al ver tu boca.
IV
Nunca he visto
una aurora boreal.
Sí, tu mirada.
Unas caricias
me otorgan tus risas,
o tu mirada.
II
La noche fría
en oleajes descompuesta
es tu cabello.
III
Sabré quizás
que el tiempo se detuvo
al ver tu boca.
IV
Nunca he visto
una aurora boreal.
Sí, tu mirada.
viernes, 14 de junio de 2013
Poema sin razón de ser
En los caminos claros de tu voz
amaneció mi canto hecho pedazos.
La noche de tus ojos
lo atravesó con dagas de luciérnagas
y tu suave sonrisa le dio la absolución.
Se desangró en azul su corazón bohemio.
Tú bien sabes
que a la orilla de la palabra aquella
corre un río de llanto.
Pero no dices nada.
No me dices nada
Y sin embargo,
en los caminos claros de tu voz
amaneció mi canto hecho pedazos
Pedro Geoffroy Rivas
amaneció mi canto hecho pedazos.
La noche de tus ojos
lo atravesó con dagas de luciérnagas
y tu suave sonrisa le dio la absolución.
Se desangró en azul su corazón bohemio.
Tú bien sabes
que a la orilla de la palabra aquella
corre un río de llanto.
Pero no dices nada.
No me dices nada
Y sin embargo,
en los caminos claros de tu voz
amaneció mi canto hecho pedazos
Pedro Geoffroy Rivas
lunes, 3 de junio de 2013
Junio
Ya está aquí, ¡oh Junio implacable!
las olas, misterio, rompen furiosas
de besos, sonrisas, abrazos y rosas.
De pie, sin defensa, me espera adelante.
Me espera el trabajo de amor indomable,
los versos, los sones, lo bello en las cosas,
los vuelos fragantes de las mariposas,
tu voz transmutada en canción insondable.
De Abril que troqué en Junio irremediable
del sol que alumbró mi alegría improbable
y el sueño despierto en la vida sin fin.
Los días me pasan cual muerte amigable
y el tiempo lo olvido en tu beso inefable
que pinta el arrebol del suave confín.
las olas, misterio, rompen furiosas
de besos, sonrisas, abrazos y rosas.
De pie, sin defensa, me espera adelante.
Me espera el trabajo de amor indomable,
los versos, los sones, lo bello en las cosas,
los vuelos fragantes de las mariposas,
tu voz transmutada en canción insondable.
De Abril que troqué en Junio irremediable
del sol que alumbró mi alegría improbable
y el sueño despierto en la vida sin fin.
Los días me pasan cual muerte amigable
y el tiempo lo olvido en tu beso inefable
que pinta el arrebol del suave confín.
martes, 14 de mayo de 2013
Tu sonrisa otra vez
A veces ya está ahí
como por arte de Dios.
Otras veces nace
de una transformación angélica;
de no haber estado
a estar, bellísima, entre la vida.
Como una flor
y no hay que decir más,
una luz, pequeña, en el campo de sangre.
El ascenso de los espíritus caídos.
Porque hay veces
en que la tragedia, la guerra y la vida
son lo mismo.
Buena es tu risa que detiene la muerte.
Yo he guardado palabras,
tengo miles, millones tengo.
Nunca supe esbozar con ellas
los versos de tus sonrisas.
¡Cómo no relatar su aparición!
Corazón de la belleza,
transmutación divina.
Sale tu sonrisa ¡y es la mañana!
Tan mágica se asoma a la vida,
delicia de mares y estrellas;
no sé su origen, a veces está ahí
como por arte de Dios.
Otras veces nace
de una transformación angélica;
de no haber estado
a estar, bellísima, entre la vida.
como por arte de Dios.
Otras veces nace
de una transformación angélica;
de no haber estado
a estar, bellísima, entre la vida.
Como una flor
y no hay que decir más,
una luz, pequeña, en el campo de sangre.
El ascenso de los espíritus caídos.
Porque hay veces
en que la tragedia, la guerra y la vida
son lo mismo.
Buena es tu risa que detiene la muerte.
Yo he guardado palabras,
tengo miles, millones tengo.
Nunca supe esbozar con ellas
los versos de tus sonrisas.
¡Cómo no relatar su aparición!
Corazón de la belleza,
transmutación divina.
Sale tu sonrisa ¡y es la mañana!
Tan mágica se asoma a la vida,
delicia de mares y estrellas;
no sé su origen, a veces está ahí
como por arte de Dios.
Otras veces nace
de una transformación angélica;
de no haber estado
a estar, bellísima, entre la vida.
domingo, 5 de mayo de 2013
De lo bello
¡Qué bello es el cielo!
y qué alto está,
nadie puede decir
que el cielo no es bello.
¡Qué oscura es la noche!
y vaya que es temible,
llena de cantos y silencios
pero las estrellas...
¡Qué incierta es la vida!
y el tiempo que sucede,
incomprensible es todo. Nada.
Pero tus sonrisas...
He invocado el milagro
que hace comprender
la belleza superando la muerte,
el trazo que configura tu risa.
Del grado de cielo y estrellas,
a alturas infinitas pertenece,
porque nadie puede dejar de decir
¡qué bella es tu sonrisa!
y qué alto está,
nadie puede decir
que el cielo no es bello.
¡Qué oscura es la noche!
y vaya que es temible,
llena de cantos y silencios
pero las estrellas...
¡Qué incierta es la vida!
y el tiempo que sucede,
incomprensible es todo. Nada.
Pero tus sonrisas...
He invocado el milagro
que hace comprender
la belleza superando la muerte,
el trazo que configura tu risa.
Del grado de cielo y estrellas,
a alturas infinitas pertenece,
porque nadie puede dejar de decir
¡qué bella es tu sonrisa!
sábado, 4 de mayo de 2013
Piel
He trabajado, estoy cansado;
he vivido,
la división infinita del tiempo
es inútil.
No hay día, ni noche: hay tiempo.
Estoy agotado,
sufro la gravedad implacable, cae
mi cabeza,
mis ojos, mi mirar, yo caigo.
Desciendo,
algo me detendrá: tu sonrisa;
lamento,
haber revelado el secreto,
no puedo
dejar de entenderla, la vida
es coincidencia
fatal casi siempre, bella a veces,
milagro.
Menoscabo el lenguaje pero quiero decir,
lo imposible,
tu sonrisa deslumbrante hace fácil la vida.
he vivido,
la división infinita del tiempo
es inútil.
No hay día, ni noche: hay tiempo.
Estoy agotado,
sufro la gravedad implacable, cae
mi cabeza,
mis ojos, mi mirar, yo caigo.
Desciendo,
algo me detendrá: tu sonrisa;
lamento,
haber revelado el secreto,
no puedo
dejar de entenderla, la vida
es coincidencia
fatal casi siempre, bella a veces,
milagro.
Menoscabo el lenguaje pero quiero decir,
lo imposible,
tu sonrisa deslumbrante hace fácil la vida.
jueves, 21 de marzo de 2013
Refugio
Me dejo caer,
mi boca sedienta navega lento
sobre el descenso de tu cuello,
frágil meandro interminable.
El goce de esa trayectoria
descubre los caminos de mi suerte,
que apuntan a ti,
soplan los vientos tu dirección.
Luceros míticos y legendarios
me entregan la historia cósmica
cuya conclusión inequívoca e inexorable
es siempre la gloria de tus ojos,
de modo que tu mirada, vanidad sublime,
concentra el fuego de los dioses,
el fulgor brillante de todos los amaneceres,
y mi ventura prodigiosa es la fulminación constante,
no hay defensa,
de mi corazón,
un fuego simple que más que amarte y reducirse
a las cenizas de tu ardor, siempre,
no hace más.
Al final del descenso la victoria del tuyo,
de tu fruto triunfal,
lo encuentra en el himno de latidos y besos
con que mi cabeza es recibida en tu pecho.
Y se acepta mi solicitud con fervor,
una solicitud silenciosa que significa
la aceptación de mi alma solitaria
en el refugio hermoso de tu cuerpo.
mi boca sedienta navega lento
sobre el descenso de tu cuello,
frágil meandro interminable.
El goce de esa trayectoria
descubre los caminos de mi suerte,
que apuntan a ti,
soplan los vientos tu dirección.
Luceros míticos y legendarios
me entregan la historia cósmica
cuya conclusión inequívoca e inexorable
es siempre la gloria de tus ojos,
de modo que tu mirada, vanidad sublime,
concentra el fuego de los dioses,
el fulgor brillante de todos los amaneceres,
y mi ventura prodigiosa es la fulminación constante,
no hay defensa,
de mi corazón,
un fuego simple que más que amarte y reducirse
a las cenizas de tu ardor, siempre,
no hace más.
Al final del descenso la victoria del tuyo,
de tu fruto triunfal,
lo encuentra en el himno de latidos y besos
con que mi cabeza es recibida en tu pecho.
Y se acepta mi solicitud con fervor,
una solicitud silenciosa que significa
la aceptación de mi alma solitaria
en el refugio hermoso de tu cuerpo.
domingo, 3 de febrero de 2013
Sueño Nº 1
Lo que me enfada no es la impuntualidad de mi hermano al
venir a recogerme (le repetí hartas veces que saldría a las 5:30pm y ha
aparecido relajadamente faltando quince para las siete). No, lo que en verdad
me molesta es que se haya tomado con vasta libertad el automóvil de papá y que
vayamos conduciendo de regreso a casa como si nada. El crío tiene dieciocho
años, apenas ha alcanzado el burdo triunfo del documento de identificación personal
nacional y todavía le falta algún tiempo para la licencia de conducir, sépase
que en mi familia así es la tradición. Dedico un poco los ojos al atisbo cauteloso
del movimiento de las trémulas calles que avanzan sobre el parabrisas y con el
cerebro y la lengua no termino de imprecar a mi hermano. En algún momento habré
de decirle que se detenga y me ceda el manejo del coche, tengo toda la
autoridad y él lo sabe. Solo hay que esperar, que encontremos el lugar adecuado
para estacionar. Entre insultos descubro que el tráfico, para nuestra buena
ventura, es fluido, y elimino en el instante una probabilidad de peligro
bastante elevada, (efímero alivio, pensaré más adelante). Aún no puedo creer que sea yo el que permita
semejante absurdo, un hermano mayor jamás debe dejar conducir al menor (regla); no en este
plano, qué vergüenza. Mi hermano es bajo de estatura y noto que le cuesta mirar por
encima del volante. El camino a casa no es largo, pronto llegaremos; no
obstante ya es seguro que mi hermano no completará el viaje, de alguna manera
envidiosa me comprometo a no facilitar tal placer. Solo un tramo más y lo
detendré, ya está acordado. Súbitamente aparece un declive imprevisto, una
cuesta que hasta a mí me resultó siempre difícil subir. Torpemente, mi hermano
ha desviado la vista del frente, no puedo menos que gritarle advirtiendo la
colisión ineludible a la que nos llevará si no pone atención a lo que está
haciendo. Afligido, retorna la cabeza a su posición original y yo halo
bruscamente el timón en un esfuerzo por controlar un poco aquella situación, mi
hermano se ha puesto colorado y unas gotas de sudor rezuman el pánico que lo
invade en aquel momento crucial; yo también tengo miedo, lo admito. El
coche que viene deslizándose ferozmente mientras desafía los límites de la fricción
no es nada menos que el de un compañero mío de la universidad, y eso no hace
menos incómoda aquella situación. Cómo no me reprochara Juárez que haya
permitido toda aquella locura, qué acusaciones de irresponsabilidad no faltarán para
mí cuando todo esto pase. No es poco: sumar a la desgracia del accidente el
volverme el nuevo objeto de burlas en la universidad. He perdido toda noción
espacio temporal en ese momento, he olvidado a mi hermano y mi brazo no ha
soltado el timón, nos dirigimos al costado de la calle, casi al mismo lugar al
que fue a detenerse el carro de Juárez, mi hermano me ha gritado esta vez a mí
(creo). De golpe ya hemos parado, no hay daños físicos visibles,
mi hermano balbucea un no sé qué de esperarlo en el carro y me parece que
decide salir a ver qué ha pasado con los del coche de Juárez. Al bajarme advierto un nuevo error que me culpo tanto por no predecir: mi hermano ha olvidado
accionar el freno de mano, corro a la puerta del conductor (que
además dejó abierta) para deshacer aquel penoso fallo. Mientras me subo de nuevo al
carro, ya sabiendo que la tragedia no puede ser peor, escucho a una señora
corriendo cuesta arriba advirtiendo a gritos de un pandillero (o terrorista, no
recuerdo bien) que se ha sumado a un caos de nuevos vehículos en llamas
derivados del accidente que causamos. Decido ignorarla y terminar la tarea que
me propuse sobre el freno pues el auto ya comenzaba a retroceder
malintencionadamente. Dejando la puerta abierta me inclino sobre el asiento y
tiro del freno con todas las fuerzas ganadas, producto de la adrenalina. En
este momento la historia se vuelve fatal. Así inclinado todavía, con una parte
del cuerpo dentro del auto y los pies en la calle (en una previsión por
intentar detener el coche si el freno se negaba) alcanzo a vislumbrar a través
del parabrisas que el sujeto del que advertía la señora ha lanzado alguna
granada o dispositivo detonante que ha alarmado totalmente a una multitud
aterrada en el lugar, a una multitud que hace un rato no estaba, todo ha
cambiado horriblemente y de repente algo no cuadra, como toda aquella serie de eventos
insospechados. Me pregunto ¿cómo llegué hasta aquí?. Solo en una pesadilla puede
conjugarse tanta mala suerte, pero no es momento de razonar. Lo que sigue es
una serie de recuerdos que terminarían de figurar la desgracia: recuerdo la
rareza del sujeto al caminar, las luces centelleantes de la explosión, mis ojos
con el terror impreso absolutamente en el reflejo del espejo del automóvil, mi
cuerpo paralizado, el revólver que llevaba aquel tipo, mi preocupación fugaz
por mi hermanito que no volvió, el disparo.
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