jueves, 21 de marzo de 2013

Refugio

Me dejo caer,
mi boca sedienta navega lento
sobre el descenso de tu cuello,
frágil meandro interminable.
 

El goce de esa trayectoria
descubre los caminos de mi suerte,
que apuntan a ti, 

soplan los vientos tu dirección.
Luceros míticos y legendarios
me entregan la historia cósmica
cuya conclusión inequívoca e inexorable
es siempre la gloria de tus ojos,
de modo que tu mirada, vanidad sublime, 

concentra el fuego de los dioses,
el fulgor brillante de todos los amaneceres,
y mi ventura prodigiosa es la fulminación constante,
no hay defensa, 

de mi corazón,
un fuego simple que más que amarte y reducirse
a las cenizas de tu ardor, siempre,
no hace más.

Al final del descenso la victoria del tuyo,
de tu fruto triunfal,
lo encuentra en el himno de latidos y besos
con que mi cabeza es recibida en tu pecho.
Y se acepta mi solicitud con fervor,
una solicitud silenciosa que significa
la aceptación de mi alma solitaria
en el refugio hermoso de tu cuerpo.