El tiempo no se detiene,
ni va más lento por nosotros,
nos va dejando fragmentos,
¿qué experiencia aquí y allá?
no me interesa eso.
Me emociona cómo va descubriendo
cada vez un poco más
de ti y de mí,
del nosotros impecable que vestimos todos los días,
del nosotros que no vemos cuando despertamos
y que está ahí,
del himno matutino que nos mueve a desayunar,
a escuchar la música al salir a la calle.
Me emociona encontrarte en cada viaje,
en cada vuelta,
en cada giro del viento
que acomete mi frente por las tardes
en que se ha vuelto tan claro llevar tu mano en la mía.
Tu belleza, a todas luces, es mi utopía,
la que me veo encaminado a describir;
La noche, evidentemente, tu tiempo,
el viento nocturno, tu cantar.
Tus ojos me han entregado buena parte de ti,
y cuando me miras fijamente,
yo podría tomar tu mirada
y anunciarla por las calles,
aferrándome a ella cual verdad absoluta.
Tus manos, son ideales,
con ellas te has entregado de lleno,
me has llenado con ellas,
me has dicho todo,
con esas manos tuyas
que se ofendieran si las tildara de suavidad,
o de ternura,
tus manos llevan nuestro amor.
Tu sonrisa es el rayo de sol,
es mi regresar cansado a casa
a descansar satisfecho,
tu sonrisa es el pan.
Tu cabello negro es la tinta,
son los dibujos que hacen
mis manos inquietas,
son las líneas que no acabo nunca de dibujar,
tus cabellos son mi caligrafía,
tan singulares
y tan míos.
Finalmente, tu beso,
amor tu beso es una noche,
la unidad vital que me define,
es mi esqueleto,
mi ser más profundo,
y al dármelo cada vez,
queda pegado a mi alma.
Quítame lo que quieras,
desgárrame,
hazme agonizar si eso quieres.
Pero tu beso.
Tu beso ¡no!
no puedes quitármelo, me temo;
Porque tu beso,
amor,
tu beso soy yo.