viernes, 9 de marzo de 2012

De las vigilias


Madrugada insomne ¿qué tal?
te saludo y callada me miras;
No sé si eres sólo una nube negra
con un suave contorno luminoso.
Se hace tarde ¿sabes?
La música sigue dándome respuestas
pero el silencio hace rato se la llevó.
¿Crees que me ama?
Yo creo que sí, tal vez.
El día que se viene será pesado.
Ser feliz a diario se hace cada vez más difícil
pero me conoces, soy necio.
Es interesante pensar en la muerte
¿No te has preguntado eso?
Qué pensará de mí,
mis ojos ya no dicen tanto como antes,
he dejado perdido al vagabundo que te cantaba
pero no te creas, seguimos siempre igual de amigos.
Te juro que he querido escribir y no sé.
Ya nada es igual, pero me va bien, te juro.


Por el jazz te juro, estoy seguro que has pensado algo,
que ya no soy el mismo, y algo así ha de pasar
¿qué sé yo? Lo que te puedo decir es que sigo loco.
Estoy bien. La vida viene con tantas figuras,
jamás me aburre; 
duermo bien: no te preocupes.
Sí, he salido a mirar las estrellas de vez en cuando;
sí, también sigo siendo juglar o eso digo.
Mi lira está encerrada, pero no ha muerto.
Ya no me exigen como antes
pero me siguen exigiendo, te digo;
Y ahora, platícame de aquel recuerdo, 
y de aquel otro
antes de que me olvide de nuevo;
Ya hace tanto tiempo... 
La memoria es mezquina,
y es lo único que tenemos.
Cuéntame de aquel grupo que una vez encaminé
a quién sabe dónde, a quién sabe qué;
Quisiera que fuera más temprano
y que estuviéramos más solos
para una reunión de verdad,
y poder cruzar palabras, notas y aventuras,
encender cigarrillos y apartarnos el pelo de la cara,
poner un poco de jazz, y vivir.


Desempolvar la antigua lira.
Ya no nos parecemos tanto, es cierto,
pero sigo teniendo las mismas manos
y sigo cantando con la misma voz.
Mi lira está encerrada pero no ha muerto.