A veces pienso, si no existieras,
volvería al oficio de dibujante;
a entregarme el día, todo,
a la necesaria tarea
de compartirte al mundo
como poema o canción,
en este caso: dibujo.
Con mi lápiz y tu imagen
evocaría la figura obvia:
evocaría la figura obvia:
"La reina de las montañas",
aquella mujer de belleza etérea
con su majestuoso vestido rojo
cuya atmósfera se transformaba en música suave
cuando bajaba del cielo
enamorando a los ojos
que detenían su mirada en ella.
Las palabras no me dejarían
ni siquiera terminar dicho preludio
por lo que en un arrebato fugaz
emprendería inmediatamente
la delicada operación.
Las palabras no me dejarían
ni siquiera terminar dicho preludio
por lo que en un arrebato fugaz
emprendería inmediatamente
la delicada operación.
Entonces,
comenzaría así
primero dibujaría tu cara
deteniéndome en aquel detalle
que luces cuando sonríes,
ese pequeño y sutil hueco
que existe para mi bien
y para el bien de muchas personas
y que escondes de vez en cuando
y solo existe cada vez
que te tomas la tarea
de hacer más bello el tiempo en que te veo.
Seguiría con tu cabello
que tantas veces
me toma por sorpresa
con nuevas formas capciosas,
misteriosas e improvisadas;
es como una canción de amor,
que cada vez que la escucho
comprendo y me gusta mas.
Mi lápiz se detendría
al llegar a la ligereza
de tu cintura imposible,
que escurridiza
como sombra débil,
escapa ante la tentativa de mi brazo
que busca enredarse en ella.
Y así jugando con el tiempo,
con mis pensamientos,
y con todas mis ilustraciones
que descansan por mi habitación
dispersas en una gran paz,
dandóme cuenta que el oficio
jamás estará bien terminado,
dandóme cuenta que el oficio
jamás estará bien terminado,
borrando y redibujando
me conformaría con el breve intento
no por falta de habilidad,
la imposibilidad de tu belleza
a este momento ya estaría vencida
por mis triunfantes trazos,
la cosa es que ocurre
que pese a tu existencia y demás,
parte de tu hermosura
permanece siempre oculta
no por falta de habilidad,
la imposibilidad de tu belleza
a este momento ya estaría vencida
por mis triunfantes trazos,
la cosa es que ocurre
que pese a tu existencia y demás,
parte de tu hermosura
permanece siempre oculta
solo en mi imaginación.