Viene la noche, de nubes polvorientas, baja despacio,
viene arrastrando su manto de estrellas.
Viene la noche y viene la luna, cual astro musical,
juntas se disponen a velar la suave muerte de la tarde.
Como una caravana gitana, vestidas de negro y de luces.
Ya están aquí, me saludan jovialmente, y se establecen, sin más,
pienso que mi casa tal vez no soporte tanta gente.
Algunas se me quedan viendo, otras, me susurran versos al oído,
parecen esperar algo de su anfitrión.
No hay necesidad de presentaciones, se sirven lo que van a beber;
Viene la luna y se acerca a mí, platicamos de música,
el cielo vanidoso presume el manto de estrellas,
al poco rato suena una sinfonía que no sé si es triste
o melancólica o nostálgica, la embriaguez natural se vuelve inevitable.
No hemos pensado en el sueño, somos cómplices de la belleza,
nos deleitamos con finura del arte, bebemos vino
y así de repente, en un cruzar de palabras comienzan los trueques,
intercambiamos versos, melodías, y toda clase de cosas
que rimen con la hermosura del universo,
es entonces cuando todo cambia súbitamente,
pues me exigen prestar mi adquisición más valorada,
les he dicho todo, he intentado todo,
ofrecí mi guitarra, mi café, mis libros,
pero no me dejan en paz, no les queda claro,
se les hace difícil comprender que tu mirada,
amor tu mirada no se las puedo dar.