domingo, 25 de diciembre de 2011

Cantar tu sonrisa como un himno


-A mi muy amada Abigail-


Cantar tu sonrisa como un himno
cada mañana es lo que quiero.
Despertar y confundir la luz de ti
con la del sol, que nos invita a jugar,
a ir con las flores y con las aves
a proclamar la mañana bajo las nubes.
Y yo me voy marchando,
llevando tu sonrisa como bandera
y acompañando mi caminar
con los cantos de los clarineros.


Lo que quiero, es que me acompañes
a beber el café matinal,
a mirar por la ventana el día ya pintado,
a contarle al mar nuestra historia
para que escriba y cante con olas
nuestra canción.


Darte un beso sin medida, es lo que quiero
para presumirle al cielo, a las estrellas
y a los días felices.
Y de golpe comprender 
que no necesito retroceder el tiempo para ver el amanecer,
tengo tu belleza, tu fragancia,
la colección de hermosas figuras que me das: 
tu imagen perfecta en la que habitan mis ojos
o tu abrazo tierno cual refugio secreto 
para tardes de luvias.


Porque te tengo a tí, mágica gracia,
a tí que me has dado el amanecer,
el más bello de esta galaxia.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Aún no termina

(Abigail)


Pueden las nubes detenerse en medio cielo,
y puede morir la tarde al ponerse el sol,
pero mi corazón no podrá detener su amor.


Puede el pájaro dejar de cantar,
o un día, de golpe, apagarse el corazón,
pero el amor que tengo, no se va a apagar.


Puede que nos quedemos dormidos amor,
mientras planeamos las historias bellas 
que han de salvar al mundo, 
puede que tu sonrisa deje de brillar,
pero amor, en el cielo encendí una estrella
que ilumina las letras que dictan nuestra pasión,
no oscurecerá.


Puede que te canses un día de mí,
y te pongas furiosa,
puede mi abrazo morir solo en el aire,
o mis pies no hallar consuelo en el frío,
pero siempre llevo conmigo un beso tuyo,
lo llevo en un recuerdo eterno, 
y basta cerrar los ojos para ser eterno.

Mirada


Viene la noche, de nubes polvorientas, baja despacio,
viene arrastrando su manto de estrellas.
Viene la noche y viene la luna, cual astro musical,
juntas se disponen a velar la suave muerte de la tarde.
Como una caravana gitana, vestidas de negro y de luces.
Ya están aquí, me saludan jovialmente, y se establecen, sin más,
pienso que mi casa tal vez no soporte tanta gente.
Algunas se me quedan viendo, otras, me susurran versos al oído,
parecen esperar algo de su anfitrión. 
No hay necesidad de presentaciones, se sirven lo que van a beber;
Viene la luna y se acerca a mí, platicamos de música,
el cielo vanidoso presume el manto de estrellas,
al poco rato suena una sinfonía que no sé si es triste
o melancólica o nostálgica, la embriaguez natural se vuelve inevitable.
No hemos pensado en el sueño, somos cómplices de la belleza,
nos deleitamos con finura del arte, bebemos vino
y así de repente, en un cruzar de palabras comienzan los trueques,
intercambiamos versos, melodías, y toda clase de cosas
que rimen con la hermosura del universo,
es entonces cuando todo cambia súbitamente, 
pues me exigen prestar mi adquisición más valorada,
les he dicho todo, he intentado todo,
ofrecí mi guitarra, mi café, mis libros,
pero no me dejan en paz, no les queda claro,
se les hace difícil comprender que tu mirada, 
amor tu mirada no se las puedo dar.