Tú hiciste de mí muchas cosas, me arrebataste algunas de mis locuras, de mis quehaceres rutinarios, me robaste la hora del café y aquel libro que tanto me gustaba leer.
Acabaste un sueño que tenía, mi más grande ilusión que tanto recreaba en mi cabeza por las tardes mientras comía una manzana. Mi cuento antes de dormir, mi canción de cuna.
Vaciaste mi imaginación, me llenaste de vidas nuevas, me volviste un principiante en tantas cosas cuando casi era un experto en tantas otras.
Me pediste inconscientemente que elaborara una definición de amor, me pediste algo imposible. He querido hacerla, muchas veces, pero siempre termino igual: amándote.
Sacaste mi corazón de mi triste pecho, lo llevaste a conocer nuevos lugares. Viajaste con él por cielos, mares, galaxias y noches infinitas. Cuando te lo pedí dijiste que lo habías dejado en una estrella, escondido.
Tú hiciste de mí un poeta, pero uno que sabía que las palabras estaban limitadas, que su lenguaje no podría expresar nunca lo que había soñado. Me hiciste un buscador de lo inefable.
No sé cómo decirlo, quizás me robaste las palabras también. Me has privado de mis sueños viejos, me los has robado todos. No, no está bien dicho, les quitaste su naturaleza de sueños, pues con tu amor los has hecho todos realidad.