¿Adónde vas musa de delicada dulzura?
es tan incierto tu rumbo como el de tus cabellos
esos nocturnos vientos invernales,
la agudeza suave en que desciende tu belleza.
¿Adónde va el susurro que acaricia la tarde cuando sonríes?
tu pequeña sonrisa, tu breve encantamiento,
la ligereza amada de tu luz deslumbrante;
por un instante tu risa contiene al mundo.
¿Adónde va la locura de tu tez morena?
amo la delicada estela oscura que yace sobre tus ojos,
ángeles de eterna soberanía, mirada dulce;
sobre tu tierno cielo, tu rostro divino.
Tu cuerpo es el salón de fiestas de la belleza,
de adorable arquitectura, tus límites tan precisos
que el ingeniero más hábil no habría acertado en sus cálculos
al esbozar la imposibilidad de tus dimensiones.
No quiero saberlo para irte a buscar
¡oh musa encantadora!
La única razón que me mueve
a indagar sobre el incierto paradero de tus bellas cualidades
es el deseo incontenible que me abrasa a veces,
cuando en tardes tranquilas de tenues arreboles
o mañanas de aves y áureos rayos de sol
lo único que deseo es perderme contigo.