Sonrío al ver tu imagen
que coincide un poco con tu último recuerdo.
Lo curioso es que sonrío
la sonrisa que te robé
cuando te hallé por casualidad,
y ni muy casualmente te saludé
con la clara intención de desplegar
el extraño triunfo estético
que implica tu mirada al enfocarme,
la suavidad con que se instala en tu rostro
e ineludiblemente
y quizás sin saberlo incluso
la importante mejora
del discurrir tranquilo
de mi asombro cotidiano;
Es entonces que descubro
que nuestro dulce y tierno sistema económico
de sonrisas dadas y devueltas
va caminando al desastre
donde se desbordan las sonrisas
y nadie pierde,
y nadie gana.