De día muero un rato amor,
desaparezco,
pongo mi respiración en automático,
hago trueques con letras y números,
cruzo miradas con desconocidos
y por conocidas calles, me conduzco.
Repito mañanas y mediodías,
olvido apresurado el desayuno;
La música es monótona y ya no me salva, a pesar de todo.
Y en poco tiempo pierdo por poquitos
trozos de mi alma que se desploman, arrancados a jirones,
la tragedia pasa desapercibida delante de mí
y se burla.
Pero ya es de tarde y es el café quien me toma a mí,
hoy no hay poesía, desafortunadamente;
En mi mente saltan fechas y cálculos rápidos;
Sin querer borré un recuerdo muy bello,
pero luego apareces tú, impredecible,
de mi sonrisa se alegra mi esperanza,
y sigo.
Se aproxima la noche en un ventarrón,
trabajo y trabajo, hay tanto que hacer,
y parece que ahora el turno es el mío;
Puedo ser el viento, estrella o canción melancólica.
Me dispongo entonces a interpretar mi corazón,
y a veces no me dispongo;
porque hay veces que pierdo,
momentos que pierdo.
Mis ojos cansados se niegan a morir,
y entre tus últimas palabras del día,
mi paquete diario y mi último aliento,
busco la inmortalidad y como siempre: pierdo.
Más cuando despierto la mañana siguiente
siento que morí y que he perdido todo,
menos nuestro amor.