a Abigail
Detrás de este injusto
y prematuramente avejentado rostro
se esconde el amor,
ese misterioso niño jugando
que nunca está en casa,
que nunca atiende el teléfono.
Tú y yo somos sus marionetas,
colgando de sus hilos,
bailando con sus sones.
Y nos paseamos por esta vida,
desafiando al universo,
desafinando al amor.
Mi secreto es:
que no se sepa que vivo,
y que no se sepa tampoco
que tus besos son
mi manera alterna para respirar
o que el sujeto que se observa
allá al fondo del espejo en tus ojos
conoce los secretos de esta vida
y que no conforme
con un 'final feliz',
ha tenido un comienzo feliz,
y ha deseado una eternidad completa
tendido en sus primaveras,
con sus cafés,
sus domingos,
sus lloviznas
y esa suerte
de caricias suaves
y besos abrasadores
que si bien no son eternos,
dejan nacer un arcoiris
a su término.